12/6/08

Modelar en la Universidad 3 – ¿ Química o ...?

En los preparativos para el taller “Hacia un Concepto de Competencia en la Universidad”, hablé con bastantes profesores universitarios de diferentes países. Uno de ellos, amigo mío, compañero de DBM - e irlandés para más gloria – es profesor de química en una de las principales universidades irlandeses. Me comentó algo cursioso de la disciplina de la química.

El suyo es un campo que sufrió muchos cambios a lo largo del siglo pasado – sobre todo en la primera mitad de siglo - y que se estabilizó principalmente en la década de los sesenta. El modelo de aprendizaje más en boga en aquel entonces era un modelo de corte más bien conductista basada en nociones mecanísticas. La tesis de mi amigo es que muchos de sus compañeros de facultad (sobre todo los que ahora ocupan puestos algo “senior”) estudiaron la licenciatura en las décadas sesenta y setenta y formaron junto con su idea de lo que “es” la química, una idea de lo que “es” el aprendizaje, o al menos lo que “es” el aprendizaje de las ciencias. El resultado es un amalgama curioso de contenido y método que incluye ciertas nociones un tanto rígidas en lo es o no es apropiado o incluso posible para aprender las ciencias químicas. Mi amigo ha vivido en repetidas ocasiones la experiencia de sugerir a sus compañeros aproximaciones docentes algo novedosas (“sin pasarse”) y recibir la respuesta de “eso está bien en las humanidades pero no funcionaría en la ciencia”. De hecho muchos profesores que no tienen dificultad alguna con asimilar cambios en la propia disciplina ofrecen una resistencia acérrima contra los cambios en la docencia.

Uno de los resultados es que algunos profesores – con las mejores intenciones del mundo - están pidiendo a alumnos del siglo XXI a aprender con aproximaciones de los años sesenta del siglo pasado. Además lo están haciendo convencidos de que es así como debe hacerse en las ciencias. No es de extrañar que se encuentre alguna que otra dificultad .

2 comentarios:

Laura dijo...

Hola Tim
Entender el curriculum como un laberinto por el que explorar diferentes caminos que nos lleven hacia diferentes aproximaciones docentes, supone un reto. Es más fácil recorrer siempre el mismo sendero, ese que conocemos y que nos proporciona seguridad y comodidad. Pero y si nos subiéramos a uno de los muros del laberinto para tener una perspectiva mejor del camino hacia la innovación…, la incertidumbre desaparecería y el miedo a transitar por caminos sin salida no existiría.
Un saludo

Tim Ingarfield dijo...

Gracias Laura
Efectivamente y precisamente a raiz de eso quería mencionar un modelo que puede ser de utilidad para organizar esta cuestión.
Lo publicaré en mi próximo post.
Saludos
Tim