13/3/08

Revolución, Gestión y Sentir


En el Puente de Mayo, John McWhirter va a hacer (o "dictar" como
dicen en algunos lugares del Cono Sur) otro de sus revolucionarios 
talleres en la serie "Arte y Ciencia de la Práctica Efectiva".

Digo "revolucionarios" porque no encuentro otra palabra realmente
apropiada. "Revolucionario" tiene conexión para la mayoría de las
personas con cambios violentos y traumáticos y algo estruéndosos,
con imágenes de Zapata, la guillotina o el asalto al Palacio de Invierno
en algún lugar de pre-eminencia (precisamente por eso destaca la
Revolución de los Claveles como contra ejemplo. Me encantó enterarme
de que los tanques en Lisboa paraban en los semáforos en rojo en
aquel "golpe" incruento).

En estos tiempos de sociedades más impulsadas por lo novedoso, 
otra acepción común de revolucionario es "novedad por la novedad".
A diferencia de evolución (en cierto sentido el cambio más
conservador), la revolución tiene algo que ver con 
adentrarse en 
lo desconocido. 


Probablemente sería ingenuo suponer que los "sans culottes" preveían
el terror o que Zinoviev, Kamenev o incluso en propio Lenin podían 
prever los excesos del gobierno totalitario de Stalin. Una revolución es 
revolucionaria precisamente por que las maneras tradicionales de 
medir las cosas - los standards sociales - se vuelven inválidos, 
ya no son aplicables de la misma manera. 

Esta es una de las principales dificultades de innovar y más todavía 
de inventar - ¿cómo medirlo y cómo guiarte en ello? Si es 
revolucionario no valen las maneras tradicionales y si valen, no es 
revlucionario. 

Ahí está lo "revolacionariamente revolucionario" del trabajo que hace 
John y de estos talleres cortos de aplicación de la DBM. Están 
diseñados de tal manera que emerja sistemáticamente (y sistémicamente) 
de la experiencia del taller no solo maneras nuevas de hacer las cosas 
sino las propias maneras de medirlo - nuevo desempeño, nueva gestión, 
nueva dirección y nueva supervisión. Ahí es nada. 
Otro curso más del McWhirter.  

3 comentarios:

Nube dijo...

Hola..

Soy mexicana y apenas estoy un poco aquí y allá asomándo la nariz por estos terrenos. Sin un afán de molestarlo, veo que su español y su lenguaje son bastante ambiguos y pobres. En una palabra su artículo es tan confuso y tan lleno de palabras huecas que al final no dice nada. Me desilusiona. Su artículo carece de muchas cosas que no enumeraré, hay cosas importantes qué hacer, pero al menos detecto una gran falta de cultura general. Sus referencias son como las de las revistas de Cosmopolitan. En fin, buena suerte.

Tim Ingarfield dijo...

Hola Nube

Gracias por tus “precipitaciones”  Espero que ayuden a refrescar o incluso a cultivar estos terrenos por los que te asomas.
Es natural que el escrito te provoque (¿o nos tratamos de Vd?) una respuesta algo irritada (peor hubiera sido no provocar respuesta alguna) sobre todo si lo mides en términos de un “artículo” (y más todavía si es en términos de un artículo político). Ni es, ni pretende ser, un artículo. Es, más bien una manera de provocar interés por algunas distinciones cuyo uso puede mejorar la calidad de la vida de las personas. El estilo es, desde luego, algo polémico aunque intencionadamente algo socarrón.
Ahora bien, resulta algo curioso o por lo menos interesante el hecho que te centres en lo pobre o lo ambiguo del lenguaje empleado. Digo interesante porque creo estar haciendo de algunos de los términos un uso bastante más preciso que el que se suele hacer. Por eso me sería de gran interés que comentaras en más detalle a qué lenguaje te refieres cuando lo calificas de “pobre” y de “ambiguo” y cuales son esas “palabras huecas” de las que, dices, está lleno el escrito y de qué manera son “huecas”. Sospecho que, de entender más en detalle el uso que estoy haciendo de ellas (posiblemente más allá de algunas acepciones populares) no las describirías de la misma manera.
Creo compartir contigo una cierta irritación con algunos tipos de periodismo – la revista en cuestión podría ser un ejemplo - así que también sería de interés saber de qué manera mis referencias son, para ti, “como las de las revistas de Cosmopólitan”.
Como ocurre con cualquier estructura metafórica que se emplee puede ser útil comprobar exactamente qué conexiones literales se quieren proponer. ¿Es que mis referencias van dirigidas hacia las mujeres? ¿Exhiben un tono soterradamente erótico? ¿Son ideológicamente cuestionables? ¿Políticamente algo atrevidillas sin salir de un marco facilmente comprensible? ¿o qué? - a no ser que la ambigüedad metafórica forme parte de tu intención en el escrito.
Por cierto – no es exactamente una cuestión de ambigüedad - no acabo de pillar el sentido que quieres expresar al decir “hay cosas importantes que hacer, pero al menos detecto una gran falta de cultura general”. Si lo pudieses aclarar sería de ayuda. Específicamente ¿qué cosas importantes hay que hacer? ¿dónde detectas una gran falta de cultura general? ¿qué conexión hay entre las dos cosas? ¿por qué dices “al menos”?
En fin - encantado de entrar en contacto contigo. Si tienes tiempo e interés me sería muy grato leer tus comentarios al respecto

Saludos
Tim

Anónimo dijo...

Hola Tim

He llegado a tu blog gracias al de Alejandro; he sido alumna suya y también he asistido a dos de tus talleres en la facultad de documentación de Alcalá.

Me ha encantado tu comentario a Nube y sobre todo la metáfora tan ingeniosa del principio utilizando su nombre.

Estoy de acuerdo con que mejor generar algún tipo de respuesta que ninguna... (que se lo digan a mi blog..., jeje). Así que, pues que aquí estoy dejando ya la mía...

Un saludo
Laura